13 agosto 2009

El Dios De Las Pequeñas Cosas

“Quizás sea cierto que las cosas pueden cambiar en un solo día. Que unas pocas docenas de horas pueden afectar al desarrollo de vidas enteras? Y que, cuando eso sucede, esas pocas docenas de horas, igual que los restos rescatados de una casa incendiada (el reloj carbonizado, la fotografía quemada, los muebles chamuscados) tienen que ser desenterradas de entre las ruinas y examinadas. Conservadas. Descifradas.

Cosas comunes, pequeños hechos, destrozados y recuperados. Imbuidos de un significado nuevo? De pronto, se convierten en los huesos descoloridos de una historia.

Como escribio Diana Morales, El Dios De Las Pequeñas Cosas es un libro sobre historias de amor que no pueden ser (y a veces son; y a veces no), que “en realidad comenzaron en los días en que se establecieron las leyes que determinan a quién debe quererse. Y cómo. Y cuánto“. De personajes como la pequeña Sophie Mol, o los gemelos Rahel y Estha, reunidos de nuevo tras 20 años; de las Cosas Peores que sucedieron entonces y cuyo aliento helado se extiende hasta el presente. Y también de las cosas que les hacían volver a respirar, las otras, las pequeñas: “Las Grandes Cosas siempre se quedaban dentro. No tenían adónde ir. No tenían nada, ningún futuro. Así que se aferraron a las Pequeñas Cosas.” Porque detrás de la aparente tristeza hay, rascando con cuidado, un fresco que muestra una imagen de definitiva -aunque diminuta- felicidad."

Es el relato de hechos comunes, de forma poco comun, usando la magia de las palabras, acontecimientos que cambian el rumbo de los personajes, cada uno cobra vida en tu cabeza, a veces me paraba porque era duro lo que se escondia detras de la magia de los olores y los recuerdos

“Los gemelos eran demasiado pequeños para saber que aquellos hombres no eran más que unos secuaces de la historia. Enviados a cuadrar los libros y hacer pagar a los que transgredían sus leyes. Impulsados por sentimientos que, aunque primarios, paradójicamente, también eran impersonales. Sentimientos de desprecio que nacen del miedo embrionario, no reconocido, del miedo de la civilización ante la naturaleza, del miedo de los hombres ante las mujeres, del miedo del poder ante la falta de poder.
Esa urgencia subliminal de destrozar lo que no se puede someter ni deificar.
Las necesidades de los Hombres.”

No hay comentarios: