De la mano de Juan Castel, Sabato nos lleva al mundo interior de un ser humano que desprecia todo lo que le rodea, dando pulso a su lado mas vil, lamentando no haber aprovechado el tiempo para aniquilar a mas personas .
Una mezcla de estilos, Kafka y sus metáforas y transformaciones, el pintor se va transformando en pájaro, desde el existencialismo de Sartre, el va analizando y cuestionando los pensamientos de los demás, dándole asco todo lo que le rodea incluido el humanismo de la gente, y la angustia de Camus rozando la desesperanza, con un toque de pasión infrenable, contemplándose a si mismo desde la duda, resquebrajando el alma en busca de la dicha, el mito, de lo inalcanzable como verdad única.
"La vida aparece a la luz de este razonamiento como una larga pesadilla, de la que sin embargo uno puede liberarse con la mente, que sería así, una especie de despertar. ¿Pero despertar a qué? Esa resolución de arrojarse a la nada absoluta y eterna me ha detenido en todos los proyectos de suicidio. A pesar de todo, el hombre tiene tanto apego a lo que existe, que prefiere finalmente soportar su imperfección y el dolor que causa su fealdad, antes que aniquilar la fantasmagoría con un acto de propia voluntad."
Contando en un monologo lo que le llevo a asesinar a la única persona capaz de entenderle y entender su pintura, Maria, la única que supo ver en su cuadro la escena de la mujer sola frente al mar esperando en soledad.
Y era como si los dos hubiéramos estado viviendo en pasadizos o túneles paralelos, sin saber que íbamos el uno al lado del otro, como almas semejantes en tiempos semejantes, para encontrarnos al fin de esos pasadizos, delante de una escena pintada por mí, como clave destinada a ella sola, como un secreto anuncio de que ya estaba yo allí y que los pasadizos se habían por fin unido y que la hora del encuentro había llegado.
La hora del encuentro había llegado! Pero, ¿realmente los pasadizos se habían unido y nuestras almas se habían comunicado? ¡Qué estúpida ilusión me había sido todo esto! No, los pasadizos seguían paralelos como antes, aunque ahora el muro que los separaba fuera como un muro de vidrio y yo pudiese verla a María como una figura silenciosa e intocable… No, ni siquiera ese muro era siempre así: A veces volvía a ser de piedra negra y entonces yo no sabía que pasaba del otro lado, que era de ella en esos intervalos anónimos, que extraños sucesos acontecían, y hasta pensaba que en esos momentos su rostro cambiaba y que una mueca de burla lo deformaba y que quizá había risas cruzadas con otro y que toda la historia de los pasadizos era una ridícula invención o creencia mía y que en todo caso había un solo túnel, oscuro y solitario: el mío, el túnel en que había transcurrido mi infancia, mi juventud, toda mi vida.
La hora del encuentro había llegado! Pero, ¿realmente los pasadizos se habían unido y nuestras almas se habían comunicado? ¡Qué estúpida ilusión me había sido todo esto! No, los pasadizos seguían paralelos como antes, aunque ahora el muro que los separaba fuera como un muro de vidrio y yo pudiese verla a María como una figura silenciosa e intocable… No, ni siquiera ese muro era siempre así: A veces volvía a ser de piedra negra y entonces yo no sabía que pasaba del otro lado, que era de ella en esos intervalos anónimos, que extraños sucesos acontecían, y hasta pensaba que en esos momentos su rostro cambiaba y que una mueca de burla lo deformaba y que quizá había risas cruzadas con otro y que toda la historia de los pasadizos era una ridícula invención o creencia mía y que en todo caso había un solo túnel, oscuro y solitario: el mío, el túnel en que había transcurrido mi infancia, mi juventud, toda mi vida.


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